Todo son pruebas por superar

Arte que inspira… arte que cuenta historias…

Lancelot MSM.805 fol. 34v., Morgan Library

Los trovadores celebran los innombrables desafíos y pruebas que jalonan la pasión amorosa. 
El amor es un afecto violento que reclama un tratamiento vigoroso. Producido por una mujer, a menudo inconscientemente, este efecto penetra en el amante por los sentidos, en particular por la vista, y va a alojarse en el corazón. Desde allí, llega al cerebro y al cuerpo que, con el corazón, forman los tres estadios en el hombre.
El amor caballeresco es una moral del guerrero: la vida del caballero está jalonada de desafíos a enfrentar y, a ese título, la conquista de una bella y noble mujer constituye una empresa de elección, sobre todo si la ruta que lleva a la dama está poblada de emboscadas (el caballero choca con un padre posesivo, un marido celoso o, lo que es peor aún, con la virtud inflexible de la dama. Un tal desafío estimula la “locura” del caballero- su fervor guerrero-. Esta audacia es la sustancia misma de su honor y que lo empuja a seguir los caminos necesarios para la conquista de la dama-fortaleza.
La posesión de este trofeo vivo alimenta la gloria del caballero a sus propios ojos y él, lo supone, a los de la dama conquistada, pero sobre todo asegura su prestigio ante sus pares, que son los verdaderos jueces de su valor. El honor del guerrero consiste en superar el desafío encarnado por la mujer; las pruebas del amor caballeresco son los juegos deportivos y militares necesarios para su conquista, y si descuenta que su coraje le valdrá el amor de la amada, no es menos cierto que es su posesión lo que persigue.
La enfermedad del amor en la medicina medieval

 

No somos máquinas, aunque a veces nos traten como a tales

Arte que inspira… arte que cuenta historias…

mNACTEC, Terrassa

El edificio del Museu Nacional de la Ciència i de la Tècnica de Catalunya, el Vapor Aymerich, Amat i Jover, representa la mejor obra arquitectónica industrial modernista del país. Diseñada por el arquitecto Lluís Muncunill y Parellada (Sant Vicenç de Fals, 1868 – Terrassa, 1931), la fábrica se comenzó a construir en la Rambla d’Ègara en 1907 y fue inaugurada al cabo de un poco más de un año. El Vapor (denominación que proviene de la utilización de la máquina de vapor como fuerza motriz) acogía todo el proceso industrial de transformación de la lana, desde su entrada en mechones hasta su salida en tejidos acabados.

El Museu Nacional de la Ciència i de la Tècnica de Catalunya tiene 22.200 m2 de superficie total, de los que 11.000 m2 corresponden a la antigua nave de producción, de planta rectangular, del Vapor Aymerich, Amat i Jover. Esta gran sala, donde hoy se encuentran las principales exposiciones del Museo, está cubierta por un peculiar techo en forma de dientes de sierra. Las habituales formas rectas de este tipo de techo, sin embargo, fueron reinterpretadas por el arquitecto Muncunill con 161 bóvedas, del tipo catalana de ladrillo plano, campaniformes, que se sostienen gracias a 300 columnas de hierro fundido, que servían también como bajantes de agua y como soporte de los embarrados, los ingenios que transmitían la fuerza de la máquina de vapor en todas las máquinas de la fábrica.

 

Picasso, Zilbeti

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Nos aferramos al dolor porque es lo único que nos queda

El cuadro «Guernica» pintado por Pablo Picasso tras el bombardeo de esa localidad, se ha convertido en un referente mundial repleto de una simbología, o más bien un grito de denuncia contra la agresión, la destrucción, la impotencia e injusticia.

A los componentes de la Coordinadora Monte Alduide (www.montealduide.org) les pareció buena idea utilizar esta simbología ya que, salvando las distancias, ofrece muchos paralelismos con lo que está ocurriendo en estos montes protegidos por la legislación Europea.

El «Guernica» de Picasso es una de las obras de arte más reconocidas, y por tanto fácilmente reconocible en cualquier formato en el que se plasme. Esto ha sido otro de los motivos de haber elegido esta obra. Es la intención de la Coordinadora que la amenaza sobre el hayedo de Zilbeti sea conocido por el mayor número posible de personas.

 

Velázquez, Museo del Prado

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Competimos, luchamos, porque amamos

Dada la importancia de la obra y la gran cantidad de personajes, acciones y objetos que incluye, la variedad de interpretaciones que ha recibido es muy elevada, a lo que ha contribuido también el rebuscamiento narrativo de Velázquez, que en vez de situar la escena principal en el primer plano, la ha confinado al fondo. Algunos críticos han leído el cuadro en clave política, y lo han interpretado como un aviso contra la soberbia. El hecho de que uno de los elementos principales del cuadro sea un tapiz, y que éste representa una obra de Tizianoha propiciado las lecturas en clave histórico-artística. Se ha señalado así, que la obra representa el paso de la materia (el proceso de hilar) a la forma (el tapiz) a través del poder del arte, con lo que estaríamos ante una defensa de la nobleza de la pintura. También se ha llamado la atención sobre el hecho de que Plinio afirmaba que uno de los mayores logros a los que podía aspirar la pintura es la imitación del movimiento, perfectamente lograda en la rueca. Este tipo de lecturas se ven apoyadas por el hecho de que durante el Siglo de Oro, un mitógrafo como Pérez de Moya (cuya obra poseía Velázquez) interpretaba la historia de Aracne como demostración de que el arte siempre es susceptible de avanzar, con lo que a través de una historia mitológica que tiene como clave un tapiz que reproduce un original de Tiziano copiado por Rubens, Velázquez construyó una narración sobre el progreso y la competencia artísticos. La técnica del cuadro invita a situarlo en la última década de la carrera de Velázquez, en la cercanía de obras como Las meninas o Mercurio y Argos, con las que tiene muchos puntos de contacto. Constituye una de las obras más complejas de su autor, y la culminación de su tendencia a crear composiciones sofisticadas y ambiguas desde el punto de vista de su construcción formal y su contenido, que estimulan la participación activa del espectador.

Pollock, MOMA

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Sin inocencia no vemos la belleza

Me fascina esta foto.  No sabría decir el motivo por el que me resultaba tan atrayente, o tal vez sí. Simplemente, este pintor realizaba su cuadro de manera en que a los niños no nos está permitido en casa.

Una enorme superficie de tela colocada en el suelo y sobre él, con un bote de pintura y una brocha en la mano, un artista extiende a salpicaduras la pintura llenando con ello la inmensidad del óleo . El artista es Jackson Pollock,uno de los máximos exponentes del expresionismo abstracto y la técnica que emplea, la conocemos como Dripping.

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Turner, National Gallery

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¿Quo vadis?

 

Lluvia, vapor o velocidad también conocido como el gran ferrocarril del Oeste es un óleo sobre lienzo pintado por el artista romántico Joseph Mallord William Turner, más conocido como Turner (1775- 1851). La figura de este artista fue bastante polémica en vida pero la historia lo ha consagrado como uno de los mejores pintores románticos. Turner se especializó en la producción paisajística – al igual que Constable- y su obra destaca por el tratamiento de la luz, de hecho su obra ha sido considerada el prefacio de los estudios impresionistas sobre la luz y la dispersión cromática. Su obra se identifica como ninguna otra con los parámetros románticos: grandiosidad de la naturaleza, ruptura de las reglas clasicistas, la pequeñez humana ante los fenómenos naturales… Sigue leyendo

Siempre hay un lugar favorito donde nos sentimos en casa… de la belleza siempre surge el hogar

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Pantheon, Roma

 

Es el Panteón, una palabra griega que significa “casa de los dioses”. Es macizo y contundente por fuera pero a su vez tan delicado que puede llega a emocionar cuando se atraviesa el plinto sostenido por recias columnas y uno se encuentra en el corazón del templo. Sus formas son como una sinfonía hecha arquitectura. Sigue leyendo

Doisneau, Hotel de Ville, París

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El amor es sólo amor… y si no, no lo es

El Papa Francisco insiste: “La indiferencia mata. Es como decirle a uno, ‘tú eres un muerto para mí’. Porque tú ya lo has matado en tu corazón”. “Cada vez que expresamos desinterés por la vida de los demás, cada vez que no amamos, en el fondo despreciamos la vida. No amar es el primer paso para matar”. Sigue leyendo

Poynter, Private collection

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Orfeo luchó por Eurídice pero al mirar atrás se desvaneció

Orfeo, el hombre reconocido por la hazaña de desafiar con su armonía a uno de los dioses más poderosos de Grecia, a Hades, dios de las profundidades, en donde habitan las almas desprovistas de cuerpo; a este lugar sólo se puede llegar cuando se abandona el cuerpo. Orfeo entra allí ‘embriagado’ de amor (poseído por Eros), para componer con su Lira cantos que evoquen la presencia de la musa Mnemosine, aquella que activa las imágenes primarias contenidas tanto en dioses como en hombres. Orfeo, a través de su melodía, le recuerda al dios del Inframundo ‘las normas y sabias costumbres’ para así conmoverlo a retornar a su querida Eurídice, pues  ella es su inspiración, y su ausencia, es la ausencia de la belleza en las cosas que le rodean, sin la cual un aedo o un citarista no podría revelar el mensaje de las musas.

La poesía de Orfeo es ‘el propio canto de Apolo, es decir, expresión, manifestación, música y letra, pero en cuanto a su contenido, reproduce –a través de la pasión dionisiaca- el mismo misterio de Dionisos’.  Por ser Hijo de Apolo y de la Musa Calíope,  Orfeo posee la dualidad que integra a Apolo y a Dionisos: su carácter sapiencial y el conocimiento del mundo divino, expresado en el mundo de la realidad, a través de la apariencia es dado gracias a los atributos de sus padres. Apolo le  proporciona la adivinación, a través de la Lira; y Calíope le ha dado uno de los cantos mas importantes que poseen las musas, pues ésta, además de otorgar una bella voz, le ha proveído de sus contenidos, es decir, de la ‘proclamación de la verdad’, propia de Dionisos.

Hades conoce del origen de Orfeo y de la gracia que le fue concedida por los dioses, pero también comprende, tras escuchar su armoniosa melodía, la ‘locura’ -pathos- que Eros ha puesto en Orfeo, cuando a través de la lira le ha inducido a asistir al Hades, sin antes morir. Allí, Orfeo ha entonado una melodía que narra cómo siendo amante de una amada ausente, y poseído por Eros, deambula con su lira entorno a Eurídice; y al caminar sin rumbo por la melancolía, su naturaleza (divina-poética) le ha indicado cómo asistir al Hades para acudir al encuentro de su amada: – Es así como llegué a este lugar con la lira para convencerte ¡oh custodio y morador del Inframundo! de la necesidad que tengo de la Ninfa Eurídice.

Hades conmovido con la bella y armónica manifestación de Eros -el dios del amor-, pero además, conocedor de los designios de los dioses evocados a través del canto de las musas y ahora en la poesía lírica en Orfeo, le concede a este hombre – dios lo solicitado, pero a cambio le pide dejar allí ‘sin develar’ lo que es propio del lugar: Su carácter oscuro y misterioso: No podrás mirar a Eurídice mientras estés aquí; sólo tornarás la mirada hacia ella, cuando salgan de las profundidades de mi territorio.

Pero Orfeo, hombre – dios, que poetiza el mundo desde lo vivido, se hace impaciente, desea cerciorarse de ser visto por ella, desea sentir su aliento. Es entonces cuando mira hacia atrás, aún sabiendo que dicha violencia a la palabra pactada, implica también, el rompimiento de lo acordado y Eurídice regresa al Hades. Esta necesidad que Orfeo siente por Eurídice, y por conocer su mirada en el Hades, es la que le hace volver su mirada hacia ella, dudar de sí y del pacto hecho con Hades, ocasionando su desvanecimiento en la oscuridad. Pero ese instante de ‘desvanecimiento en la oscuridad’ también se convierte en la eternidad, es decir, en el tiempo que no envejece.

De esta unión se despliegan las nacientes artes que antes Apolo tenía a su cargo, puesto que él ‘…con sus himnos alegraba el inmenso corazón al padre Zeus, cantando al unísono el presente, el futuro y el pasado’ y en compañía de las musas y de sus delicadas voces, cantaba ‘las ordenanzas y prudentes costumbres de todos los inmortales’. Ahora es Orfeo quien orienta las rapsodias, quien se hace visible a otros a través de sus poemas; su corporeidad está en la relación que establece con los lectores y escritores que encuentran en su mito, una posibilidad de ‘agotar el infinito, poner término a lo interminable’ y hacer un eco, con las palabras de las imágenes vistas, sentidas e imaginadas.

Orfeo atribuye dicha importancia a Mnemosine (la memoria), pues es ella quien ‘extrae del pozo de la visión mistérica y, mientras apunta hacia el pasado, conduce por medio de la poesía a la experiencia iniciática, de donde brotan las imágenes de los dioses’.

La poesía Lírica de Orfeo en el Hades constituye en una de las figuras míticas que puede representar el discurso griego; pues su obra, es una de las primeras maneras en que el hombre difundió su pensamiento, a partir de la profundización de éste en aquellos lugares inhóspitos a los que podía acercarse a contemplar las imágenes de la psique, a aquellos territorios a los que Carl Gustav Jung llamo ‘Psicoides’, y que se encontraban en el inconsciente colectivo.

Blechen, Museum Kunstpalast, Düsseldorf

Arte que inspira… arte que cuenta historias…

¿Qué hay de bello en lo perdido? Aquella cierta melancolía de lo vivido

“Tanto en la Ilíada como en la Odisea, quizá más en la segunda, vemos cómo los personajes que erraban de un lado a otro por el Mediterráneo añoraban su patria y a los suyos” Sigue leyendo