Un instante de belleza… un sueño por alcanzar

Arte que inspira… arte que cuenta historias…

Miron, British Museum

 

Esta obra griega recuerda la capacidad del artista de inmortalizar los sueños. Esos sueños que se conforman desde el esfuerzo, la constancia, la disciplina, la paciencia, a veces incluso, la soledad. Por dicha razón, el deporte, más concretamente el que asociamos al deporte olímpico, aquél sin intencion de compensación material, es el mejor tema para representar esos valores humanos que llevan a conseguir los sueños.

Pero si le quitamos el velo a la magia, qué nos quedaría…

Arte que inspira… arte que cuenta historias…

Dicksee, Southampton Gallery

– ¡Silencio! ¿Qué resplandor se abre paso a través de aquella ventana? ¡Es el Oriente, y Julieta, el sol! ¡Surge, esplendente sol, y mata a la envidiosa luna, lánguida y pálida de sentimiento porque tú, su doncella, la has aventajado en hermosura! ¡No la sirvas, que es envidiosa! Su tocado de vestal es enfermizo y amarillento, y no son sino bufones los que lo usan, ¡Deséchalo! ¡Es mi vida, es mi amor el que aparece!… Habla… más nada se escucha; pero, ¿qué importa? ¡Hablan sus ojos; les responderé!…Soy demasiado atrevido. No es a mi a quien habla. Do de las más resplandecientes estrellas de todo el cielo, teniendo algún quehacer ruegan a sus ojos que brillen en sus esferas hasta su retorno. ¿Y si los ojos de ella estuvieran en el firmamento y las estrellas en su rostro? ¡El fulgor de sus mejillas avergonzaría a esos astros, como la luz del día a la de una lámpara! ¡Sus ojos lanzarían desde la bóveda celestial unos rayos tan claros a través de la región etérea, que cantarían las aves creyendo llegada la aurora!… ¡Mirad cómo apoya en su mano la mejilla! ¡Oh! ¡Mirad cómo apoya en su mano la mejilla! ¡Oh! ¡Quién fuera guante de esa mano para poder tocar esa mejilla!

Lo que nos hizo felices no puede ser malo nunca

Arte que inspira… arte que cuenta historias…

Morisot, Marmottan

Como quien viaja a lomos
De una yegua sombría
Por la ciudad camino
No preguntes adónde
Busco acaso un encuentro
Que me ilumine el día
Y no hallo más que puertas
Que niegan lo que esconden
Las chimeneas vierten
Su rollito de humo
A un cielo cada vez
Más lejano y más alto
Por las paredes grises
Se desparrama el zumo
De una fruta de sangre
Crecida en el asfalto
Ya el campo estará verde
Debe ser primavera
Cruza por mi mirada
Un tren interminable
El barrio donde habito
No es ninguna pradera
Desolado paisaje
De antenas y de cables

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¿Y cuándo vivimos? soñamos, reímos?

Arte que inspira… arte que cuenta historias…

Adler

A mediados del siglo XIX, los artistas europeos adoptaron un nuevo estilo de arte: el realismo. Caracterizado por una atención sin precedentes a los temas cotidianos, este movimiento artístico transformó el mundo del arte occidental.

Aunque hoy en día este interés por la iconografía ordinaria puede no parecer algo extraordinario, la realidad es que representó un hito importante en la historia del arte. A continuación, exploraremos las contribuciones de los pioneros de esta corriente artística para entender por qué fue tan significativa.

El realismo nació en Francia durante la década de 1850. Tras la Revolución de 1848—un acontecimiento que estableció el “derecho al trabajo” en el país—este movimiento introdujo la idea de la gente promedio, la clase obrera, los sitios contemporáneos y las escenas cotidianas eran temas artísticos dignos.

Los artistas que trabajan en el estilo realista rechazaron las normas del Romanticismo(1800-1850), un género definido por su glorificación de las emociones. Típicamente, las pinturas románticas presentan figuras mitológicas o escenas sublimes de la naturaleza. En cualquier caso, el Romanticismo glorifica a sus sujetos, un rasgo que los artistas realistas evitaron directamente.

 

¿Cuál es nuestra verdad? ¿La que reflejamos o la que se refleja?

Arte que inspira… arte que cuenta historias…

Picasso, Thyssen

La poesía india dice… La esperanza mundana en la que los hombres ponen su corazón
se transforma en cenizas o bien prospera; pero pronto, 
como nieve sobre la faz polvorienta del desierto,
tras brillar apenas una hora o dos, se desvanece.

Sólo el ignorante espera lograr la perfección y la suprema satisfacción en esta tierra; por ello, cruzará con el corazón destrozado los portales de la tumba. El hombre iluminado, conociendo la naturaleza engañosa del mundo, no cimenta aquí sus esperanzas. Permaneciendo inmutable ante los deseos mundanos, el sabio busca la Realidad imperecedera y entra en la vastedad de la Dicha Eterna.

¡Oh, amor mío!, llena la copa que libera el presente
de remordimientos pasados y temores futuros.
¿Mañana? ¡Pero si mañana quizá yo mismo sea
sólo una parte de los siete mil años del ayer!

 

Monestir de Sant Cugat

Arte que inspira… arte que cuenta historias…

Tampoco la tierra es menos, ni nada pierde. Porque lo que de un lugar cae, la nieve a otro lugar trae, porque nada se pierde que no se pueda hallar, si es buscado

En la Edad Media los viajes eran largos, difíciles, resultaban en realidad un verdadero descubrimiento de uno mismo, y del mundo más allá de las limitadas fronteras donde se movían esos viajeros. Más que viajeros, aventureros, más que aventureros, héroes. Pero esa época es una métafora del ser humano porque todos somos viajeros, aventureros, héroes. ¿Quién no ha soñado como aquél que proyecta un viaje, quién no ha esperado como aquél que busca algo nuevo, quién no se ha perdido como aquél que vaga por calles desconocidas? La vida y la Historia se hacen una en la metáfora, en este caso, del monasterio de Sant Cugat. Sigue leyendo

Ser de tal o cual manera depende de nosotros. Nuestro cuerpo es un jardín y nuestra voluntad, la jardinera

Arte que inspira… arte que cuenta historias…

Neuschwanstein

La vida podría ser la misma, los semáforos seguirían funcionando y el Currículum Vitae tendría el mismo impacto y el mismo recorrido por los portales de buscar empleo. Pero saber que EL CASTILLO, con mayúsculas, se escribe y se llama Neuschwanstein reforma el alma y la retina y, sobre todo, demuestra que se ha estado ante él. Que se ha admirado el equilibrio perfecto entre la naturaleza y la opulencia con la que se pavonea bajo los Alpes. Si ‘El hombre que mató a Liberty Valance’ puso fin al Western clásico, el castillo del Rey Loco da por concluida la época de los monarcas caprichosos, trasnochados y nostálgicos en la vieja Europa. Sigue leyendo