Aquí empezó todo…

 

 

 

HUMANITAS

Amad el arte, entre todas las mentiras es la menos mentirosa, Gustave Flaubert. Así me gustaría presentar este blog. Un blog que habla o hablará de la ficción que se esconde en el ser humano, y sin embargo, es nuestra verdadera esencia. El motor y la motivación que materializa nuestro día a día, al fin y al cabo. El por qué de estas páginas son esa ficción que se refleja de manera sublime en el arte, porque creo que es el arte el espejo de ‘nuestras mentiras’, ésas que nos asustan, nos estremecen, ésas en las que nos miramos y comprendemos, cual una catarsis. Las letras y las imágenes conforman este blog, con la intención de despertar o vigorizar a las almas y a los sentidos. Ésa es la quaestio. De tal manera, antes que nada demos vueltas sobre las humanidades, esa alma mater (ese alimento intelectual) donde se esconden las mentiras de Flaubert (y de todos nosotros).

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Sisley, Musée Angladon

Arte que inspira… arte que cuenta historias…

No es fácil… a veces las figuras se desvanecen

Las luces impresionistas muy bien integradas con las composiciones en sombra están creadas con los propios colores, entonados de un modo coherente y potente. Pero las sombras impresionistas también son colores, luces. El negro desaparece, el blanco gana la partida en ese siglo XIX en que los pintores de la luz escogen anular el negro barroco. ¿Por qué esta elección? La belleza para esos pintores surgía de las sombras, de lo que no se ve a simple vista, de lo escondido, de lo superficial que a veces parece la realidad, escondiendo lo que de verdad importa. Por eso, esos paisajes impresionistas, en concreto las nieves y los blancos de Sisley, se componen de figuras desvanecidas en las sombras que recuerdan la melancolía, la angustía, los fríos y los inviernos de la propia alma humana.

Fontana, Pompidou

Arte que inspira… arte que cuenta historias…

Rasga con convicción

¿Y si en vez de un pincel utilizáramos un cuchillo? El espacio del lienzo se vería afectado, creando incluso una nueva dimensión pictórica, por no decir ya escultórica.

Es lo que hacía el italiano-argentino Lucio Fontana: Agujerear, rajar y deteriorar lienzos. Fontana buscaba una nueva definición espacial para el medio pictórico y parece ser que la encontró con la abolición del espacio ilusorio y su sustitución por el espacio real. Una pintura que «existe», por así decirlo. A todo esto lo llamó Espacialismo. Y su idea de ver el arte lo expresó en el Manifiesto Blanco (1946), en el cual dice que «la materia, el color y el sonido en movimiento son los fenómenos cuyo desarrollo simultáneo integra el nuevo arte».

No sería hasta los años 50 cuando este nuevo arte se hizo mundialmente famoso. La época de la dolce vita trajo su popular serie de los tajos, consistente en agujeros o tajos sobre la tela de sus cuadros.

Son lienzos monocromáticos, castigados a base de buchi y tagli (agujeros y cortes), que nos hablan, entre otras cosas, de lo que es el espacio real, del material para su uso conceptual, del objeto, del gesto individual, de violencia.

Se requiere un cambio en la esencia y en la forma. Se requiere la superación de la pintura, de la escultura, de la poesía, de la música. Se necesita un arte mayor acorde con las exigencias del espíritu nuevo. Tales intenciones son las que se buscaban durante la época de la 2a Guerra Mundial. El ser humano, como siempre, se sentía perdido, superado por las desgracias. Sin embargo, se buscaron nuevos caminos estéticos para recordar lo bello que hay en la propia cruel realidad. Por eso el arte nos recuerda una y otra vez la actualidad de la esencia como hombres que sienten, sufren pero siguen esperando.

En los lienzos rasgados de Fontana se intuye una sensualidad de texturas ingenuas al igual que expresivas; se dirigen directamente a las emociones; fondos rosas, blancos, rojos, en bases de pigmentos cerámicos, que son desgarrados, igual que la historia del hombre, pero con una base serena, esquemática, transmitiendo un sentimiento de esperanza, como ese volver a la infancia y renacer.

 

 

 

Delaunay, Ville de Paris

Arte que inspira… arte que cuenta historias…

La medida del amor es amar sin medida

Hay que aprender a leer entre líneas en custiones del corazón. La experiencia trae mucho dolor pero también certezas. Hay quien lo llama locura, hay quien lo llama amor. Don Quijote era el loco, Sancho el sabihondo, hasta que Sancho aprendió que la locura que veía en Don Quijote, era el miedo a su corazón.

Trinity College, Dublín

Arte que inspira… arte que cuenta historias…

Cuanto más alto coloque el hombre su meta, tanto más crecerá

El hombre conoce de diferentes maneras. Por un olor, sabe que tiene hambre, por un sonido sabe que quiere divertirse, por una caricia sabe que está solo, por una sonrisa sabe que tiene miedo… pero ¿cómo sabe cuándo siente de manera auténtica, de manera que no deja de ser quien es pero pasar a ser algo más que él? En cuanto conocemos, queremos más y más, no hay límite para la ambición.