La historia del arte en cuanto disciplina humanística, de Erwin Panofsky

Nueve días antes de su muerte, recibió Immanuel Kant la visita del médico de cabecera. Enfermo, caduco y casi ciego, se incorporó del asiento y permaneció de pie, temblando de debilidad y murmurando a la vez algunas palabras ininteligibles. Tras unos instantes, su fiel compañero comprendió que no se volvería a sentar hasta que él mismo lo hiciera. Sólo entonces toleró Kant que lo acompañaran hasta el sillón que ocupaba. Una vez se hubo restablecido, dijo esta frase: «Das Gefühl für Humanität hat mich noch nicht verlassen» («No me ha abandonado aún el sentimiento de la humanidad»).

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Umberto Eco y la muerte de las humanidades

J.M. Giráldez. El día en que murió Umberto Eco, en su casa de Milán, me encontré con el escritor gallego Manuel Rivas, viejo amigo desde hace más de dos décadas. Habíamos quedado para una entrevista, que llevaba tiempo pendiente. Porque Rivas es difícil de ver, solicitado como está en tantos lugares, viajero de tantos mundos.

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Aquí empezó todo…


 

 

 

 

 

Las palabras a veces tienen una fuerza que nos pueden desgarrar el alma, otras, nos empujan a volar, tal vez nos reafirman nuestra identidad, quizás nos provocan rechazo, o nos infunden conocimientos nuevos o nos hacen reírnos a carcajadas… Las imágenes despiertan en nosotros la sorpresa, la confusión, el temor, los sueños, la curiosidad, la emoción… Sin embargo, existe un momento sublime en que las imágenes nos hablan con palabras que podemos entender, con códigos que sabemos descifrar… creo que Kant o Stendhal sabrían explicarlo mejor… hay que leer a Kant y Stendhal para potenciar nuestra capacidad de comprender la grandeza de lo sublime. Sin embargo, antes de entender y conocer, podemos creer, podemos dialogar con el arte aunque seamos niños aún.

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