Blechen, Museum Kunstpalast, Düsseldorf

Arte que inspira… arte que cuenta historias…

¿Qué hay de bello en lo perdido? Aquella cierta melancolía de lo vivido

“Tanto en la Ilíada como en la Odisea, quizá más en la segunda, vemos cómo los personajes que erraban de un lado a otro por el Mediterráneo añoraban su patria y a los suyos”

Mas venid todos los que el ceño airado
Del destino mirasteis en la cuna;
Los que sentís el corazón llagado
Y no esperáis consolación alguna.
¡Venid también, espíritus ardientes,
Que en ese mundo os agitáis sin tino,
Y cuya inmensa sed sus turbias fuentes
Calmar no pueden con raudal mezquino!
Los que el cansancio conocisteis, antes
Que paz os diesen y quietud los años….
¡Venid con vuestros sueños devorantes!
¡Venid con vuestros tristes desengaños!

En estos «Cuartetos escritos en un cementerio» Gertrudis Gómez de Avellaneda convoca a los suyos, a sus iguales, a los aquejados de la enfermedad romántica, de la tristeza, de la desilusión vital, del desánimo de la existencia, de la negra melancolía. Melancolía que a la poetisa cubana le había llegado a través del Atlántico y a lo largo de los años: desde la frontera del XIX, desde Alemania

Yo, solitario, estaba de pie en la árida colina que encerraba la forma de mi vida en un espacio estrecho y oscuro, solitario como no estuvo nunca un solitario, movido de un tremendo miedo, sin fuerza, reducido al sólo pensamiento de la miseria.

Es un fragmento de uno de los Himnos a la Noche de Friedrich Leopold von Hardenberg, más conocido como Novalis. Escritos entre 1799 y 1800 tras la muerte de su amada, Sophie von Kühn, en 1797, tuvieron una extraordinaria influencia en el desarrollo del sentimiento romántico de tristeza profunda.

El dolor de la soledad que Bécquer (2004, 74), siempre imprescindible, condensó en los dos últimos versos de la rima LII: «¡Por piedad!, tengo miedo de quedarme / con mi dolor a solas».

Este dolor que aterra a Bécquer, ese dolor solitario, es la pasión melancólica de la que está aquejada gran parte de la literatura romántica. Desde la antigüedad se ha contemplado como una de las características del ser humano la tristeza profunda que llena toda la vida y personalidad de un individuo, haciéndole incapaz de apreciar los diferentes goces vitales. Esa es la pasión melancólica. Melancolía es un nombre que proviene de la edad media, pues es como se designa al estado de predominio de la bilis negra, la melanos kolés, uno de los cuatro humores del cuerpo. La bilis negra, pesada, húmeda y fría, era la encarnación de la tristeza. La aparición de la psiquiatría y el estudio de las enfermedades de la personalidad humana, a principios del siglo XIX, en paralelo con la literatura romántica, puso sobre la mesa, entre otras muchas cosas, la naturaleza de la melancolía: enfermedad o estado de ánimo, alteración enfermiza de la personalidad o característica de una personalidad individual.

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