¿Cuál es nuestra verdad? ¿La que reflejamos o la que se refleja?

Arte que inspira… arte que cuenta historias…

Picasso, Thyssen

La poesía india dice… La esperanza mundana en la que los hombres ponen su corazón
se transforma en cenizas o bien prospera; pero pronto, 
como nieve sobre la faz polvorienta del desierto,
tras brillar apenas una hora o dos, se desvanece.

Sólo el ignorante espera lograr la perfección y la suprema satisfacción en esta tierra; por ello, cruzará con el corazón destrozado los portales de la tumba. El hombre iluminado, conociendo la naturaleza engañosa del mundo, no cimenta aquí sus esperanzas. Permaneciendo inmutable ante los deseos mundanos, el sabio busca la Realidad imperecedera y entra en la vastedad de la Dicha Eterna.

¡Oh, amor mío!, llena la copa que libera el presente
de remordimientos pasados y temores futuros.
¿Mañana? ¡Pero si mañana quizá yo mismo sea
sólo una parte de los siete mil años del ayer!

 

Picasso, París

Arte que inspira… arte que cuenta historias…

A veces, la realidad descuadra… y es entonces, cuando aprendemos a descubrir los cuadrados

Si uno se planta junto a la Place Saint-Pierre y se deja conmover por el ímpetu del Sacré-Coeur, algún día llegará al Museo Picasso de París y comprenderá por qué el hombre se conmueve. A veces, nuestra realidad nos supera, es gigantesca para nuestra mente limitada de miedos, ignorancias o arrogancias, pero el arte cubista de Picasso, nos enseña a repartir el conocimiento, en trozos más pequeños quizás, en deternos en los detalles que se nos presentan humanos y no colosales. El arte nos recuerda la paciencia de descubrir poco a poco la belleza, de descubrir poco a poco lo que se nos aparece como inabarcable en un primer momento.

Klimt, Galerie Belvedere

Arte que inspira… arte que cuenta historias…

De tus labios niños cogí la inocencia,

y obligué que de los míos, sufrieras la experiencia

Un manto florido, renacen las sombras de un tiempo dorado. Te entrego el anhelo del beso que fue, en la insistencia de suplicantes sueños.

Laureles al viento, victoria alcanzada. 
Corono de gloria tu ausente mirada,
para perderme en recuerdos vestidos de oro.
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