Fra Angelico,San Marco, Firenze

Arte que inspira… arte que cuenta historias…

En un rincón de mi casa, colgaba un ángel anunciando el amor

El Beato Angélico consideraba la pintura como un acto de devoción. A este joven religioso dominico le gustaba pintar Anunciaciones, imitando la arquitectura real del claustro del Convento de San Marcos, construido por Michellozzo, donde él profundizaba en la Palabra de Dios.

Ya despunta el Renacimiento y el tratamiento del espacio arquitectónico. En su Convento de San Marcos de Florencia, Fra Angélico escenifica esta pintura mural en las escaleras que daban acceso al comedor. Aquí el Misterio está reducido a lo esencial, es sobria. La van a contemplar  sus hermanos frailes, que ya habían estudiado teología y por lo tanto no necesitaban de muchas explicaciones, sino de unos puntos breves para estimular la oración.

Su trabajo artístico denota un riquísimo mundo interior, intensa vida de oración y contemplación. Cada pincelada, cada color, cada detalle es un mensaje para comprender el Misterio “El que tenga ojos para ver que vea” parece decir Fra Angélico en esta obra. Y aquí el arte ofrece la mirada del amor, ese sentimiento en su esencia más íntima y humilde de la Virgen.

Fontana, Pompidou

Arte que inspira… arte que cuenta historias…

Rasga con convicción

¿Y si en vez de un pincel utilizáramos un cuchillo? El espacio del lienzo se vería afectado, creando incluso una nueva dimensión pictórica, por no decir ya escultórica.

Es lo que hacía el italiano-argentino Lucio Fontana: Agujerear, rajar y deteriorar lienzos. Fontana buscaba una nueva definición espacial para el medio pictórico y parece ser que la encontró con la abolición del espacio ilusorio y su sustitución por el espacio real. Una pintura que «existe», por así decirlo. A todo esto lo llamó Espacialismo. Y su idea de ver el arte lo expresó en el Manifiesto Blanco (1946), en el cual dice que «la materia, el color y el sonido en movimiento son los fenómenos cuyo desarrollo simultáneo integra el nuevo arte».

No sería hasta los años 50 cuando este nuevo arte se hizo mundialmente famoso. La época de la dolce vita trajo su popular serie de los tajos, consistente en agujeros o tajos sobre la tela de sus cuadros.

Son lienzos monocromáticos, castigados a base de buchi y tagli (agujeros y cortes), que nos hablan, entre otras cosas, de lo que es el espacio real, del material para su uso conceptual, del objeto, del gesto individual, de violencia.

Se requiere un cambio en la esencia y en la forma. Se requiere la superación de la pintura, de la escultura, de la poesía, de la música. Se necesita un arte mayor acorde con las exigencias del espíritu nuevo. Tales intenciones son las que se buscaban durante la época de la 2a Guerra Mundial. El ser humano, como siempre, se sentía perdido, superado por las desgracias. Sin embargo, se buscaron nuevos caminos estéticos para recordar lo bello que hay en la propia cruel realidad. Por eso el arte nos recuerda una y otra vez la actualidad de la esencia como hombres que sienten, sufren pero siguen esperando.

En los lienzos rasgados de Fontana se intuye una sensualidad de texturas ingenuas al igual que expresivas; se dirigen directamente a las emociones; fondos rosas, blancos, rojos, en bases de pigmentos cerámicos, que son desgarrados, igual que la historia del hombre, pero con una base serena, esquemática, transmitiendo un sentimiento de esperanza, como ese volver a la infancia y renacer.

 

 

 

Trinity College, Dublín

Arte que inspira… arte que cuenta historias…

Cuanto más alto coloque el hombre su meta, tanto más crecerá

El hombre conoce de diferentes maneras. Por un olor, sabe que tiene hambre, por un sonido sabe que quiere divertirse, por una caricia sabe que está solo, por una sonrisa sabe que tiene miedo… pero ¿cómo sabe cuándo siente de manera auténtica, de manera que no deja de ser quien es pero pasar a ser algo más que él? En cuanto conocemos, queremos más y más, no hay límite para la ambición.