Picasso, París

Arte que inspira… arte que cuenta historias…

A veces, la realidad descuadra… y es entonces, cuando aprendemos a descubrir los cuadrados

Si uno se planta junto a la Place Saint-Pierre y se deja conmover por el ímpetu del Sacré-Coeur, algún día llegará al Museo Picasso de París y comprenderá por qué el hombre se conmueve. A veces, nuestra realidad nos supera, es gigantesca para nuestra mente limitada de miedos, ignorancias o arrogancias, pero el arte cubista de Picasso, nos enseña a repartir el conocimiento, en trozos más pequeños quizás, en deternos en los detalles que se nos presentan humanos y no colosales. El arte nos recuerda la paciencia de descubrir poco a poco la belleza, de descubrir poco a poco lo que se nos aparece como inabarcable en un primer momento.

Casas, MNAC

Arte que inspira… arte que cuenta historias…

No hay tanto misterio. Sencillamente es mejor esperar en soledad y con frío, a rendirse. Y aún mejor, que nos lo recuerde la belleza del arte

Existen pinturas, figurativas, impresionistas, cargadas de unos colores, atmósferas y formas perfectas, y aún así transmiten mucha tristeza. ¿Hay belleza en el dolor? ¿En el dolor de la pérdida, en el dolor de la soledad, en el dolor de la espera, en el dolor de decepción? ¿Por qué es una obra de arte esta pintura? El aire frío parece hablar, y hacernos cómplices de la inquietud de la escena. ¿Ha valido la espera? ¿Se acerca a la mujer, a nosotros, esa figura que imaginamos espera ella también? La pincelada impresionista, el estudio psicológico del instante, no sólo es ciencia pictórica, una ciencia perfecta en Casas, sino también una belleza que nos hace adorar esta pintura. ¿Belleza del dolor? Sí, porque la belleza no es lo bello, el gusto, sino el placer de poseer algo estéticamente sensible que nos produce un deseo de comprensión, de purificación incluso. La belleza es el amor de lo que conocemos de nosotros mismos y somos capaces de aceptar a través del arte.

Victoria de Samotracia, Louvre

Arte que inspira… arte que cuenta historias…

Irónica la Historia, que le cortó a la Victoria su cabeza… ¿será que sólo ella sabe que vencemos con el corazón?

Esta escultura, irónicamente, representa una figura alada victoriosa sin brazos ni cabeza.

La diosa Niké, símbolo de la victoria en la mitología griega, siempre se ha representado como una mujer con alas. Según su historia, pasó sus primeros años de vida entre los mortales, pero al conocer los vicios de la humanidad así como la maldad, decidió regresar al Olimpo. Sigue leyendo

San Miguel de Lillo

Arte que inspira… arte que cuenta historias…

Miro tus piedras y me abruma tanta belleza.

Ramiro I ordenó construir esta iglesia hacia el año 848, muy cerquita del palacio –llamado ahora de Santa María- como parte de la residencia de reposo que creó en la falda sur del monte Naranco. Sigue leyendo

Renoir, Musée d’Orsay

Arte que inspira… arte que cuenta historias…

Y era el baile perfecto, el momento soñado, y movimientos medidos, el motivo buscado, sólo dos bailarines, escapando y luchando, una guerra de pasos, sin conflictos al lado. Y después, ya no habrá después.

Monestir de Pedralbes

Arte que inspira… arte que cuenta historias…

El conocimiento de la belleza es el único camino

Tras al edificio del Paseo del Prado se sitúan las oficinas del Museo del Prado. Unas oficinas que dan buena cuenta de la cantidad de trabajo que la gestión del principal museo español supone. Un trabajo que no se ve, pero que está ahí, atestando esas oficinas de papeles y llamadas. Hemos quedado con Miguel Zugaza (Durango, 1964), director desde hace más de diez años, del Prado (hasta 2017). Antes lo fue del Museo de Bellas Artes de Bilbao, justo cuando el boom del Guggenheim explotó en la ciudad. Zugaza supo aprovecharlo y poner de nuevo al pequeño museo bilbaíno en el mapa. Sigue leyendo

Klimt, Galerie Belvedere

Arte que inspira… arte que cuenta historias…

De tus labios niños cogí la inocencia,

y obligué que de los míos, sufrieras la experiencia

Un manto florido, renacen las sombras de un tiempo dorado. Te entrego el anhelo del beso que fue, en la insistencia de suplicantes sueños.

Laureles al viento, victoria alcanzada. 
Corono de gloria tu ausente mirada,
para perderme en recuerdos vestidos de oro.
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L’histoire de la mode à la bibliothèque

Les robes de Paul Poiret racontées par Paul Iribe, Paris, Paul Poiret, [1908], bibliothèque de l'INHA, 4 Est 619 (détail). Cliché INHALes vendredi 24 et samedi 25 mars s’est tenu à l’INHA et à l’Institut français de la mode un colloque international intitulé « Nouveaux regards sur la haute couture parisienne de 1850 à nos jours ».

Ce colloque s’inscrit dans le cadre des événements liés à la réouverture de la bibliothèque de l’INHA. Mécène et collectionneur, Jacques Doucet fut aussi l’un des plus brillants représentants de la haute couture parisienne au tournant des XIXe et XXe siècles. Le colloque a proposé un nouveau regard sur les composantes de l’histoire de la haute couture : ses protagonistes, ses processus créatifs, ses matériaux, ses modes de diffusion, ses clientes, mais aussi son propre statut qui a largement évolué depuis son apparition et ses premières formulations à la fin du XIXe siècle. Sigue leyendo

El beso, Musée Rodin

Arte que inspira… arte que cuenta historias…

Un segundo, un instante… pasa, pesa tanto, no se olvida

 

Hay besos que pronuncian por sí solos
la sentencia de amor condenatoria,
hay besos que se dan con la mirada
hay besos que se dan con la memoria.

Hay besos silenciosos, besos nobles
hay besos enigmáticos, sinceros
hay besos que se dan sólo las almas
hay besos por prohibidos, verdaderos.

Hay besos que calcinan y que hieren,
hay besos que arrebatan los sentidos,
hay besos misteriosos que han dejado
mil sueños errantes y perdidos. Sigue leyendo

La historia del arte en cuanto disciplina humanística, de Erwin Panofsky

Nueve días antes de su muerte, recibió Immanuel Kant la visita del médico de cabecera. Enfermo, caduco y casi ciego, se incorporó del asiento y permaneció de pie, temblando de debilidad y murmurando a la vez algunas palabras ininteligibles. Tras unos instantes, su fiel compañero comprendió que no se volvería a sentar hasta que él mismo lo hiciera. Sólo entonces toleró Kant que lo acompañaran hasta el sillón que ocupaba. Una vez se hubo restablecido, dijo esta frase: «Das Gefühl für Humanität hat mich noch nicht verlassen» («No me ha abandonado aún el sentimiento de la humanidad»).

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