William Morris y la Arts and Crafts: cuando el diseño quiso salvar el alma del trabajo

“No tengáis en vuestras casas nada que no sepáis útil o creáis hermoso.”  —William Morris

A mediados del siglo XIX, mientras las fábricas británicas multiplicaban su producción y las ciudades crecían envueltas en humo, un grupo de artistas y pensadores empezó a preguntarse qué estaba perdiendo la sociedad industrial en ese proceso. William Morris, poeta, diseñador y activista, fue la figura central de esa reflexión. Convencido de que la máquina despojaba al trabajo de su dignidad, dedicó buena parte de su vida a defender que la belleza y la utilidad no debían separarse jamás.

Morris fundó en 1861 la empresa que después se conocería como Morris & Co., dedicada al diseño de tapices, vidrieras, muebles y, sobre todo, papeles pintados. Sus estampados, inspirados en las formas de los jardines y campos ingleses, se distinguían por su complejidad técnica: algunos requerían hasta treinta planchas de madera distintas y varias semanas de trabajo manual para completarse. Frente a la lógica de la producción en serie, Morris defendía un proceso lento, artesanal, en el que el diseñador conociera personalmente cada material antes de ponerlo en producción.

Ese pensamiento dio origen al movimiento Arts and Crafts, que se extendió por Gran Bretaña y después por Europa y Estados Unidos. Sus defensores rechazaban los objetos fabricados en masa, a los que consideraban vulgares por su falta de alma, y reivindicaban el regreso a un artesanado capaz de diseñar y ejecutar sus propias creaciones. No se trataba solo de una cuestión estética: para Morris, socialista convencido, el modo en que se fabricaban los objetos estaba directamente relacionado con la dignidad de quienes los fabricaban.

La influencia del movimiento resultó decisiva para el desarrollo posterior del Art Nouveau y, más tarde, de buena parte del diseño moderno del siglo XX, que siguió debatiéndose entre la producción industrial y la búsqueda de sentido en el objeto cotidiano. Aunque la historia acabó dando la razón, en términos de escala, a la fabricación mecanizada, la pregunta que planteó Morris sigue vigente: qué perdemos, exactamente, cuando dejamos de saber cómo se hacen las cosas que usamos.

Hoy, en un momento en que vuelve a hablarse de consumo consciente y de producción sostenible, las ideas de Morris resuenan con una actualidad inesperada. Su insistencia en que cada objeto del hogar debiera ser útil o bello —y a poder ser, ambas cosas— sigue funcionando como una pregunta incómoda para una sociedad que sigue acumulando cosas sin preguntarse demasiado por su origen ni por su destino.

Deja un comentario