Techné

El arte de todos los tiempos nos invita a saber qué debemos entender por arte y tecnología. Y la unión de estos dos términos ayuda a acercarnos una vez más al término ‘creación’ y sus motivaciones.

Para Aristóteles , techné, que se puede tambien traducir como arte, técnica, oficio o destreza, es el ejercicio del saber y la acción humana por los cuales se genera una realidad que no existía con anterioridad. Pero no se trata de cualquier nueva realidad sino una nueva realidad deseada, una transformación de la realidad que responde a un propósito.

Desde la técnica aplicada a la expresión artística más abstracta hasta la ingeniería más avanzada, siempre subyace el motor de una intención, un propósito.

La Tecnología se suele definir como el conjunto de conocimientos técnicos que permiten diseñar y crear procedimientos y artefactos con el propósito de satisfacer necesidades y deseos de las personas.

Un artefacto es una obra hecha con arte, es decir con técnica, con algún propósito , que por lo general desempeña apropiadamente una función útil.

La tecnología consiste en la disposición inteligente e intencionada de la materia y la energía por parte de seres pensantes, en pos de la satisfacción de sus necesidades y el logro de sus deseos y propósitos. La tecnología no sólo es un medio de supervivencia del ser humano sino también un elemento clave en su búsqueda de la felicidad y realización.

Considerando que un bien, una cosa o un recurso es valioso para una persona determinada en la medida que esté disponible para esa persona, o sea que pueda efectivamente hacer provecho de él, la techné es también para nosotros la actividad humana que realiza la magia de la transformación de los recursos naturales en auténtica riqueza.

Así, en síntesis, la riqueza se revela como lo que realmente es: una realidad deseada que se realiza en los hechos, que no existía antes de ser realizada por la técnica humana a partir de recursos naturales, siempre impulsada por propósitos, o sea, intereses.

Sin embargo, el arte, la creación estética, emotiva, sentimental, de un cuadro, de una composición musical, de una tela, no comportan en sí un objetivo útil, no buscan el interés de la riqueza, entendida como algo evolutivamente bueno. Debe ser por dicha razón, la que convierte a la tecnología, por malos entendedores, en algo totalmente funcional, o al arte por aún peores entendedores, en algo totalmente innecesario. Lo lamentable es la falta de formación de gran parte de la sociedad que mezcla o ignora los conceptos de la esencia de las cosas y sólo todo lo convierten en una calculadora robótica pecuniaria.

Si uno se acerca al edificio del Louvre y su ojo comienza a percibir la belleza de la arquitectura barroca, aquel placer estético se acentúa cuando a hurtadillas se presenta la pirámide acristalada que recibe al visitante. Emula la grandeza egipcia, emula la belleza de la tecnología aplicada a un mensaje intrínseco, estético, emula un juego de luces y geometrías, un precioso habitáculo para el hombre. Y es ahí, o desde ahí, el momento en que entendemos que el arte es creación, pero además un trabajo artesanal, intelectual, con la función de dar al hombre una satisfacción, sea cual sea.

 

 

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