El conocimiento como forma de felicidad

Un árbol no discute con el viento: hunde sus raíces, resiste la tormenta y espera a que el camino vuelva a quedar limpio. Algo semejante ocurre con el aprendizaje. Comprender exige paciencia, constancia y cierta humildad para aceptar que no sabemos tanto como creíamos. No todo conocimiento llega de manera inmediata, pero cada pregunta que formulamos ensancha un poco más nuestra relación con el mundo.

Marie Curie afirmó: ‘No hay nada que temer en la vida, solo hay que comprenderlo. Ahora es el momento de comprender más, para que temamos menos’. El conocimiento no elimina todos los peligros, pero nos permite distinguir entre los riesgos reales y los temores nacidos de la ignorancia. Quien comprende puede decidir con mayor libertad; quien no comprende queda expuesto al prejuicio, al rumor y a la manipulación.

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