Schiele, Neue Gallery, Munich

Arte que inspira… arte que cuenta historias…

No comprendemos sin conocer, no conocemos sin amar

Blake, Tate Gallery

Arte que inspira… arte que cuenta historias…

Todos los cálculos posibles… y sin embargo, faltan respuestas

Vermeer, Mauritshuis

Arte que inspira… arte que cuenta historias…

Detalles que si los sabemos distinguir… nos cambian la vida

Monet, MET

Arte que inspira… arte que cuenta historias…

Sólo disfrutar

Kandinsky, Solomon Guggenheim

Arte que inspira… arte que cuenta historias…

La música del arte, la sintonía del corazón

Delacroix, Musée du Louvre

Arte que inspira… arte que cuenta historias…

Gritar, luchar, esperar, aprender, incluso enloquecer… nunca rendirse ante el dolor

Sixena, MNAC

Arte que inspira… arte que cuenta historias…

La belleza de la Edad Media seguirá infundiendo luz esté donde esté

Bernini, Galleria Borghese

Arte que inspira… arte que cuenta historias…

La lucha por la pureza

La mitología grecolatina ha supuesto un tema recurrente para todas las manifestaciones artísticas a lo largo de los siglos. Música, pintura, literatura, escultura…  han reflejado, por diferentes motivos y desde distintos puntos de vista, las narraciones de los mitos de la Antigüedad. Sin embargo, no siempre fue la misma motivación la que llevó a los artistas de diferentes épocas a inspirarse en la mitología para elaborar sus obras. A continuación analizaremos cómo dos artistas de diferentes épocas y estilos, Garcilaso de la Vega y Gian Lorenzo Bernini, revisaron a través de la poesía y la escultura, respectivamente, el mito de Dafne y Apolo.

Esta narración se remonta a la disputa que mantuvieron el dios Apolo y el dios Eros. Apolo, hijo de Zeus, era un experto cazador y manejaba a la perfección el arco y las flechas. Un día, orgulloso de sus habilidades en el terreno de la caza, se burló de Eros por portar armas similares a las suyas y estar practicando con ellas. Ofendido y humillado por las palabras de Apolo, el joven Eros urdió una terrible venganza contra su detractor: le disparó una flecha de oro, cuyo efecto fue el profundo e inmendiato enamoramiento de Dafne, hija de la diosa Gea y del río Ladón (o, según la versión, del río Peneo). Para que ese amor nunca fuese correspondido, Eros disparó a Dafne con una flecha de plomo, que provocó un absoluto rechazo por Apolo.
Cegado por el amor, Apolo se dispuso a capturar a Dafne para hacerla suya, y, tras una agitada persecución en la que Dafne se resistió hasta la saciedad a ser capturada y en la que Apolo estaba a punto de alcanzarla, la bella joven imploró ayuda divina para evitar ser apresada. En ese momento, se produjo la famosa metamorfosis de Dafne, que fue convertida en laurel por los dioses.
Apolo, abrazado al árbol en el que se había transformado su amada delante de sus propios ojos, lo acarició y lo besó, sabiendo que su amor jamás podría ya realizarse. El dios cubrió sus cabellos con una corona hecha por hojas del árbol y de ese modo sintió que jamás se separaría de ella.

Tàpies, Musée de la Ville, París

Arte que inspira… arte que cuenta historias…

De la destrucción, el amor consigue belleza

El artista catalán siempre se valió no sólo de los materiales clásicos de la pintura sino de elementos naturales como la tierra, arena u otros con los que no sólo creaba colores, sino formas y sentimientos de una libertad total que hacían que su obra abstracta fuera al mismo tiempo muy terrenal y cercana para el público. El uso de estos materiales toscos se debe en gran medida al gran impacto que ejerció en su espíritu el estallido de las bombas atómicas en Japón y la ola de muertes, horror y decadencia que esta acción bélica dejó en el mundo entero.

Su mente siempre se movió por los terrenos de la fantasía; por ello decidió explorar con entrega y pasión mundos como el esoterismo, los sueños, el simbolismo, la filosofía zen, los cuerpos desmembrados y casi en estado de descomposición, el jazz, las sinfonías de Wagner y la filosofía detrás de artistas como Paul Klee, Max Ernst, Fiodor Dostoyevski o Edgar Allan Poe.

Aficionado a la ciencia y los adelantos de todas las épocas que vivió, así como de la espiritualidad absoluta –la cual veía como una necesidad para aliviar dolores internos y externos–, siempre intentó combinar ambas facetas en sus obras. Decía al respecto: «El arte es una fuente de conocimiento, como la ciencia, la filosofía. Si las formas no son capaces de herir a la sociedad que las recibe, de irritarla, de inclinarla a la meditación, si no son un revulsivo, no son una obra de arte».

Chagall

Arte que inspira… arte que cuenta historias…

Así debería ser el amor… con una cabra tocando el violín

«La felicidad no es completa sin una cabra tocando el violín». Es lo que Julia Roberts le dice a Hugh Grant mientras comparten un desayuno en Notting Hill frente a una obra del artista de origen ruso Marc Chagall.

Nacido en Vitebsk, en el seno de una familia judía conservadora. Tras realizar sus estudios en San Petersburgo, viaja a París en 1910 y sin abandonar nunca sus orígenes, se convierte en artista extraordinario dentro del ambiente artístico, relevante por su personal «inmunidad estilística».

Contemplar su pintura es observar a través de un prisma mágico donde se mezclan rasgos de los primeros cubistas, expresionistas y sueños surrealistas. Sus obras obedecen las reglas del subconsciente y son imagen de la fantasía del universo personal que cada uno tenemos dentro de nosotros, algunos nunca llegamos a expresarlo y otros, como Chagall, se sirven de la mejor forma de hacerlo, el arte.

Volviendo a esa extraña cabra violinista… ¿Qué podemos decir de ella? Aparece en la obra titulada «La Mariée». Tras contemplarlo una y otra vez, podemos llegar a una conclusión, quizás demasiado simple, pero una conclusión al fin: sus personajes no están en un estado normal… Vuelan sobre los tejados en un universo sobrenatural de color azul, al son de una melodía interpretada por unos seres que flotan libres porque han decidido renunciar a la irrenunciable ley de la gravedad.

Cuando descubrimos algo sorprendente es imposible no sumergirse en ello, así pues, yo misma me había propuesto averiguar algo más sobre esa cabra violinista. La he buscado por el mundo, he llenado las calles de carteles en busca de cabras con dotes musicales pero nunca he conseguido nada… y es que la estaba buscando de forma equivocada.

Sólo se puede concluir con una cita del propio Chagall que nos dice así:
Si creo desde el corazón, casi todo funciona, si lo hago desde la cabeza, casi nada.
Y no hay que buscarle un sentido porque, si lo encontráramos, en ese momento lo habría perdido.