El Libro de Kells: la eternidad hecha tinta

Hay libros que se leen y libros que se contemplan como quien contempla una vidriera al mediodía, dejando que la luz atraviese el color antes de posarse en el sentido. El Libro de Kells pertenece a esta segunda estirpe. Escrito hacia el año 800 por monjes anónimos en algún monasterio del mundo celta, no fue concebido para ser leído de corrido, sino para ser venerado: cada página es un pequeño acto de fe convertido en materia, un intento de decir con pigmento y oro lo que las palabras, por sí solas, no alcanzaban a expresar.

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